Instituto llega a su Asamblea General Ordinaria con una situación económica que no admite lecturas simplistas. El balance correspondiente al ejercicio comprendido entre el 1 de julio de 2025 y el 30 de junio de 2026 muestra un club con patrimonio positivo y superávit. Pero también revela mayores obligaciones financieras, una reducción considerable del efectivo disponible y un adelanto de más de $2.170 millones vinculado a recaudaciones futuras.
El desafío es comprender ambas caras de los números. Porque una institución puede registrar ganancias contables y, al mismo tiempo, necesitar financiación para afrontar sus pagos.
Para esta comparación se utilizaron las cifras de 2025 ajustadas por inflación que presenta el balance 2026. Esto permite medir la evolución real de las cuentas, sin confundir aumentos de precios con crecimiento económico.
Un superávit que cayó 62%
Instituto cerró el ejercicio con un resultado positivo de $1.054 millones, frente a los $2.787 millones del período anterior. La disminución fue del 62%.
Los ingresos totales, sin embargo, no sufrieron una caída equivalente. Pasaron de aproximadamente $36.583 millones a $37.142 millones: un incremento real de apenas 1,5%.
Los gastos específicos de las distintas actividades deportivas e institucionales bajaron levemente, de $32.052 millones a $31.771 millones.
¿Por qué, entonces, cayó tanto el superávit?
Porque el resultado final depende también de otros conceptos: gastos de administración, depreciaciones, amortizaciones y resultados financieros, entre otros.
Por ejemplo, la amortización de activos intangibles pasó de $633 millones a $1.657 millones. Se trata de un gasto contable que distribuye durante varios ejercicios el valor de determinados activos, entre ellos los derechos de futbolistas. No significa necesariamente que se hayan pagado esos $1.657 millones en efectivo durante el año.
Por su parte, los resultados financieros y por tenencia, que incluyen los efectos de la inflación, pasaron de un saldo positivo de $743 millones a uno negativo de $217 millones.
La conclusión es que Instituto continuó obteniendo un resultado positivo, pero con un margen considerablemente menor.
Las deudas crecieron más que el patrimonio
El patrimonio neto de Instituto aumentó de $22.512 millones a $23.567 millones, una mejora del 4,7%. El patrimonio neto es, explicado de manera sencilla, la diferencia entre lo que tiene el club y lo que debe. Incluye instalaciones, bienes, derechos y otros activos, no solamente dinero disponible.
Pero mientras el patrimonio creció 4,7%, las deudas totales aumentaron 30,7%: de $7.095 millones a $9.272 millones. De ese último monto, $7.715 millones correspondían a pasivos corrientes, es decir, obligaciones que deben atenderse dentro de los doce meses posteriores al cierre.
Frente a ellas, Instituto registró $4.451 millones de activos corrientes: efectivo, créditos y otros bienes que se espera convertir en dinero en ese mismo plazo. La relación es clara: por cada $100 que debía pagar en el corto plazo, contaba con aproximadamente $58 en activos de corto plazo. Un año antes esa relación era peor: disponía de $38 por cada $100 de deuda corriente.
Por lo tanto, hubo una mejora en ese indicador, aunque todavía existe una diferencia importante entre los activos y las obligaciones de corto plazo. Eso no significa que el club vaya a incumplir sus pagos. Los ingresos continúan después de la fecha de cierre y pueden existir posibilidades de refinanciación. Pero sí obliga a observar cómo se financia su funcionamiento.
El dato más significativo: un adelanto de $2.171 millones
Entre las notas del balance aparece una operación que merece especial atención. Instituto registró $2.170.936.983 recibidos de Pay Per Tic como adelanto contra futuras recaudaciones por entradas y accesos a sus instalaciones. En el ejercicio anterior no figuraba esa obligación.
¿Qué significa?
Que el club obtuvo financiación vinculada a ingresos que espera generar posteriormente. Es una forma de anticipar recursos para disponer de ellos antes de que se produzcan las recaudaciones correspondientes. Este mecanismo no es, por sí mismo, irregular. Pero puede condicionar la disponibilidad de ingresos futuros y tiene condiciones financieras que resultan importantes para evaluar su conveniencia.
El balance identifica la operación y su monto, aunque no detalla de manera suficiente el costo financiero específico, el plazo de cancelación ni qué proporción de cada futura recaudación deberá destinarse a cumplirla. Son preguntas relevantes para la conducción: ¿cuánto cuesta obtener esos fondos por adelantado y durante cuánto tiempo estarán comprometidos los ingresos?
Menos efectivo al cierre
La otra señal aparece en las disponibilidades. Entre efectivo e inversiones financieras corrientes, Instituto pasó de aproximadamente $946 millones al cierre de junio de 2025 a $324 millones en junio de 2026. La caída fue cercana al 66% en términos reales. Es importante distinguir dos conceptos. El superávit representa un resultado contable: surge de registrar ingresos y gastos conforme a las reglas de contabilidad, aunque determinados cobros o pagos se concreten en otros momentos. El efectivo, en cambio, representa los fondos disponibles a una fecha determinada.
Por eso no hay contradicción en que Instituto haya obtenido superávit y, simultáneamente, haya terminado el ejercicio con menos dinero disponible. La reducción de las disponibilidades no demuestra por sí sola una crisis, pero adquiere importancia al analizarla junto con el aumento de las deudas y el adelanto de recaudaciones.
Cheques diferidos por más de $3.100 millones
El balance también registra $3.103 millones en cheques de pago diferido pendientes de débito. Un año antes sumaban aproximadamente $2.385 millones. El aumento fue cercano al 30% real. La aclaración es fundamental: no se trata de cheques rechazados ni de una prueba de incumplimientos. Son compromisos de pago emitidos cuyo débito estaba pendiente al momento del cierre.
En paralelo, las deudas directas con proveedores disminuyeron de $1.886 millones a $493 millones. El balance muestra así una composición diferente de las obligaciones comerciales: menos deuda registrada directamente con proveedores, pero más cheques diferidos pendientes. No puede afirmarse, sin documentación adicional, que una obligación haya sido reemplazada por otra. Sí corresponde analizar el calendario de vencimientos y la capacidad del club para atenderlos.
La publicidad: casi doce veces más dinero pendiente de cobro
Uno de los datos menos visibles del balance está del lado de los créditos. Instituto tenía $873 millones pendientes de cobro por publicidad al 30 de junio de 2026. En el cierre anterior, esa cifra era de apenas $73 millones. El monto se multiplicó casi por doce.
Este aumento no significa automáticamente que los anunciantes estén atrasados ni que el dinero sea incobrable. Los créditos pueden responder a contratos con plazos de pago acordados o a facturación realizada cerca del cierre. Sin embargo, el volumen plantea interrogantes concretos: ¿quiénes son los deudores, cuándo vencen esos compromisos y cuánto dinero se cobró después del 30 de junio? En total, las cuentas por cobrar en moneda sumaban $2.005 millones.
La administración informó que evaluó su recuperabilidad y no constituyó una previsión por deudores incobrables. Es decir, no registró una pérdida estimada por considerar que esos créditos no podrán cobrarse. Además, figuran $1.092 millones pendientes de cobro por ventas o préstamos de futbolistas. La cuestión no es solamente cuánto dinero genera Instituto, sino también cuándo logra cobrarlo.
El costo del fútbol: $5.010 millones en comisiones y rescisiones
El Anexo V del balance incluye un rubro especialmente significativo: $5.010 millones en «comisiones y acuerdos de rescisión», imputados al fútbol. La cifra representa aproximadamente el 28% de los gastos específicos de esa actividad y cerca del 16% de los gastos específicos totales del club. Es necesario interpretar correctamente la denominación.
No significa que Instituto haya pagado $5.010 millones exclusivamente a representantes de jugadores. El concepto también comprende acuerdos de rescisión de contratos, y el documento no permite conocer qué proporción corresponde a cada uno.
De hecho, el monto fue inferior al registrado en 2025, cuando alcanzó $5.473 millones en moneda comparable. La pregunta pertinente es cuánto se destinó a intermediación, cuánto a desvinculaciones contractuales y qué operaciones explican esos importes.
Por otra parte, Instituto registró aproximadamente $1.841 millones de obligaciones por compras y préstamos de jugadores, de los cuales $542 millones correspondían al corto plazo y $1.299 millones al largo plazo. Son compromisos que deben distinguirse de los refuerzos incorporados específicamente en el último mercado de pases.
Los subsidios también merecen una explicación
Los subsidios contabilizados pasaron de $130 millones en 2025 a $1.408 millones en 2026. El incremento fue extraordinario y el monto del último ejercicio supera incluso el superávit anual de $1.054 millones. Esto no permite afirmar que, sin esos subsidios, Instituto habría registrado necesariamente una pérdida equivalente a la diferencia.
Para llegar a esa conclusión habría que analizar su destino, reconocimiento contable y eventuales gastos asociados. Pero sí corresponde conocer qué organismos o entidades aportaron esos recursos, para qué fueron utilizados y si se trata de ingresos excepcionales o que podrían repetirse.
La distinción importa porque una institución no puede planificar de la misma manera sus gastos permanentes cuando depende de ingresos extraordinarios.
Los aspectos favorables del balance
Una evaluación equilibrada también debe destacar lo positivo. Instituto consiguió su segundo superávit consecutivo, aumentó su patrimonio neto hasta $23.567 millones y sostuvo prácticamente el nivel total de ingresos en términos reales.
Además, redujo sus deudas directas con proveedores y conserva un volumen de activos superior al total de sus obligaciones.
El balance fue acompañado por un informe de auditoría independiente. Esto aporta una instancia de revisión profesional de la información contable, aunque no equivale a garantizar que todas las decisiones económicas de la conducción hayan sido acertadas. El crecimiento patrimonial constituye un dato favorable. La pregunta es cómo asegurar que ese crecimiento resulte sostenible en los próximos ejercicios.
La Asamblea y las explicaciones pendientes
La Asamblea se realizará este sábado 17 de octubre, a las 18, y tendrá entre sus puntos la consideración de la memoria, el balance y el informe de la Comisión Revisora de Cuentas correspondientes al ejercicio cerrado el 30 de junio.
Los estados contables todavía no fueron aprobados por los socios. La documentación permite establecer que Instituto cerró con superávit, aumentó su patrimonio y sostuvo sus ingresos. Pero también muestra un aumento del endeudamiento, menos efectivo disponible y compromisos vinculados con recaudaciones futuras.
La discusión más relevante no es si Instituto creció. Los números muestran que su patrimonio aumentó. La pregunta es cuánto le cuesta financiar ese crecimiento, qué ingresos ya tiene comprometidos y cómo piensa afrontar sus obligaciones sin depender permanentemente de nuevas fuentes de financiación.
Esas respuestas permitirían comprender no solamente cómo terminó el último ejercicio, sino también qué tan sólido es el futuro económico que está construyendo la institución.


